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Ciencia

Ozempic y el veneno del monstruo de Gila: el origen del medicamento

El veneno del monstruo de Gila fue clave para el desarrollo de Ozempic, un medicamento para la diabetes y la obesidad. Descubre cómo la naturaleza inspira la ciencia.

El monstruo de Gila, reptil cuyo veneno inspiró el desarrollo de Ozempic.

Vicente Barraza

- TVN

Jueves 27 de febrero de 2025

El Ozempic, uno de los medicamentos más populares para tratar la diabetes tipo 2 y la obesidad, tiene un origen inesperado: el veneno del monstruo de Gila, un reptil cuya mordedura puede ser letal para los humanos.

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A finales del siglo XX, el endocrinólogo Daniel Drucker descubrió que una proteína en el veneno del monstruo de Gila, llamada Exendina-4, imita la hormona GLP-1 humana, encargada de regular el azúcar en sangre y suprimir el apetito.

"El monstruo de Gila nos mostró cómo la naturaleza puede ofrecer soluciones inesperadas", explicó Drucker en una entrevista con Global News.

Esta proteína, más resistente a la degradación en el cuerpo humano, se convirtió en la base de los agonistas del GLP-1, hoy utilizados en fármacos como Ozempic y Wegovy.

Venenos que curan: otras toxinas convertidas en medicamentos

El caso del monstruo de Gila no es único. A lo largo de la historia, los científicos han encontrado en venenos animales inspiración para desarrollar medicamentos esenciales.

  • Lisinopril y la víbora de Brasil: Uno de los fármacos más vendidos para tratar la hipertensión y la insuficiencia cardíaca, el lisinopril, proviene del veneno de la víbora Bothrops jararaca. Su veneno contiene inhibidores enzimáticos que, en lugar de dañar, ayudan a regular la presión arterial.
  • Quimioterapia y esponjas marinas: La esponja caribeña (Tectitethya crypta) produce nucleósidos que protegen su ADN. Estos compuestos fueron la base para la citarabina, un fármaco esencial en la quimioterapia contra el linfoma no Hodgkin y la leucemia.
  • El escorpión que ilumina tumores: En 2004, el oncólogo Jim Olson descubrió que el veneno del escorpión deathstalker (Leiurus quinquestriatus) contiene una proteína llamada clorotoxina Cy5.5, que se une a las células cancerosas.

Este hallazgo llevó al desarrollo de Tozuleristide, una molécula sintética que, bajo luz infrarroja, ilumina tumores cerebrales, permitiendo a los cirujanos detectar células cancerígenas residuales.

"El veneno del escorpión nos permitió ver lo invisible en el cerebro", dijo Olson.

Un futuro en riesgo: la importancia de la conservación

Aunque estos avances médicos han salvado millones de vidas, dependen de la conservación de las especies y sus hábitats. Si no protegemos la biodiversidad, podríamos perder fuentes de medicamentos clave para el futuro.

"Muchas respuestas a nuestros problemas pueden encontrarse en la naturaleza, pero solo si protegemos estos recursos", advirtió Olson.

Desde tratamientos para la diabetes hasta innovaciones en oncología, los venenos animales han demostrado ser una fuente inagotable de avances científicos. La naturaleza sigue teniendo secretos por descubrir, pero su preservación es clave para seguir explorando nuevas soluciones médicas.