La expresidenta Michelle Bachelet cree que la sociedad internacional tendrá que "rediseñarse" ante el cambio de rumbo de actores clave en la financiación del desarrollo, como Estados Unidos y la Unión Europea (UE), que adoptaron nuevas agendas más "nacionalistas".
"Tenemos el problema hoy día de que muchos países que históricamente eran importantes actores en la financiación para el desarrollo han cambiado sus prioridades, incluso cerrando algunas agencias de desarrollo, o han definido agendas nacionalistas y nacionales", declaró Bachelet a EFE en una entrevista en Nairobi.
La exmandataria, que esta semana participó en la capital keniana en el Diálogo Político anual del Club de Madrid, del que es vicepresidenta, alerta sobre la reducción de recursos destinados a la financiación del desarrollo, que, según advierte, incrementará las presiones migratorias, los conflictos y las tensiones geopolíticas.
Cambio de rumbo de Estados Unidos
En un contexto marcado por el recorte de ayuda humanitaria de EE.UU., hasta ahora el mayor donante mundial, y la guerra comercial iniciada por su presidente, Donald Trump, con la imposición de los aranceles más elevados en un siglo, la expresidenta chilena (2006-2010 y 2014-2018) teme que la retórica nacionalista acentúe aún más las divisiones globales.
"¿Es esto una distracción o es una mirada ideológica profunda de no creer que el multilateralismo es la solución para los problemas globales?", plantea Bachelet.
"Creo que esto llevará a la comunidad internacional a repensar mucho, porque los países ya contaban con acuerdos y marcos de entendimiento, además de una regulación establecida por la OMC (Organización Mundial de Comercio), que claramente no se ha tenido en cuenta", agrega.
Ante este giro en la política de la Administración estadounidense, la vicepresidenta del Club de Madrid alerta sobre la posibilidad de que, por temor a represalias de EE.UU., los países, los organismos internacionales e incluso las personas empiecen a "autocensurarse".
"Creo que sería súper malo porque Estados Unidos ha sido históricamente un país que ha defendido los derechos humanos, la libertad de expresión y la libertad de participación", asevera Bachelet, que también fue la primera directora ejecutiva de ONU Mujeres y la alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos.
Aunque ya se han manifestado los efectos de las decisiones de Trump, Bachelet sostiene que la comunidad internacional aún no ha logrado dimensionar completamente el impacto de esas medidas "porque todavía no somos capaces de conocer exactamente hasta dónde se va a llegar con esta situación".
Aún así, apostilla, las políticas del presidente norteamericano representan una "distracción" sobre los debates que deben abordarse a nivel internacional, como la reforma de la gobernanza financiera para el desarrollo, clave para enfrentar desafíos globales como la pobreza, el cambio climático, los conflictos y la migración.
Bachelet también hizo hincapié en el papel de la UE, un actor destacado en la financiación del desarrollo, ya que considera que, con el aumento del gasto colectivo en defensa, los países miembros tendrán ahora menor margen fiscal para poder aportar más recursos en este ámbito.
"La paz y la seguridad van a estar en riesgo si no somos capaces de financiar algunas áreas importantísimas", advirtió.
Dentro de esta reconfiguración de la sociedad internacional, la exmandataria subraya que siempre se debe aspirar a la cooperación internacional por encima de la regional o la individual, "ya que los desafíos globales requieren respuestas multilaterales, y ningún país podrá salvarse por sí solo".
Paz y seguridad global
Bachelet cita al arzobispo Desmond Tutu, ganador del Premio Nobel de la Paz (1984) por su lucha contra el sistema segregacionista del 'apartheid' en Sudáfrica, que dijo: "soy rehén de la esperanza".
"Tengo esperanza, aunque no demasiada, en que al final haya una cierta racionalidad para entender que si no somos capaces de apoyar a los países más vulnerables en su desarrollo eso va a tener consecuencias”, insistió.
La expresidenta no solo se refiere a las consecuencias que enfrentarán los países más pobres, donde las personas vivirán "sin expectativas ni esperanza", sino también a la presión migratoria y su impacto sobre la paz y la seguridad global.
"La migración es un derecho humano y si las personas no tienen qué comer, van a migrar. Si el cambio climático destruye sus fuentes de ingresos -como ocurre en la agricultura- o provoca el aumento del nivel del mar, entonces la gente va a tener que irse a vivir a otras partes. Esto generará una presión tanto de desplazamientos internos como de migraciones", explica.
Una presión que podría derivar en conflictos: "Cuando la gente tiene problemas -asevera-, se mueve y se generan conflictos que derivan de peleas por el agua, la energía o la lucha por territorios".
"No apostar por el desarrollo va a tener consecuencias importantes en las fronteras y regiones", remarcó.
"Ojalá -prosigue- la comunidad internacional fuera capaz de mostrar con claridad la interconexión de todos estos elementos y de cómo la asistencia al desarrollo no es solo un instrumento de transacción financiera, sino esencialmente un mecanismo para garantizar la paz y la estabilidad".
Bachelet espera que exista una "capacidad de sabiduría" para entender que, más que una cuestión ideológica, se trata de resolver los problemas de la población y que, si no se apoyan las iniciativas al desarrollo, las personas acabarán buscando soluciones "por sus propias manos".